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El Veneno se aproxima a la historieta Kalimán en la concepción de justicia, y a la moralidad y ética del personaje. Y es kitsch, un estilo caracterizado por una supuesta inautenticidad y el formalismo efectista, que persigue una gran aceptación comercial; también por ser una inadecuación estética, y sobre todo porque es una forma de romper lo establecido.

La estética kitsch en México se ve representada en un gran porcentaje de su cultura popular; por ejemplo, la bola de billar en las palancas de velocidades del transporte público o las cabezas de muñecas o los zapatos de bebé; los calendarios con imágenes prehispánicas o de mujeres exóticas que penden en la carnicería o en los talleres mecánicos. Las réplicas de relojes, ropa y artículos electrónicos, los tenis y las modas europeas conviviendo con los rasgos indígenas de nuestra población. Los plásticos sobre los muebles, los peluches de diferentes colores en los autos… Sobran ejemplos de la pervivencia de lo kitsch en nuestra vida cotidiana.

El kitsch no es más que una memoria suspendida. A pesar de las apariencias, el kitsch no es un bien de consumo, sino que habla de todo lo que dejó de ser, una imagen virtual que existe gracias a la imposibilidad de existir plenamente.

Es una cápsula del tiempo con un billete de ida y vuelta para el dominio mítico: el mundo de los sueños colectivos o individuales. En él, durante un segundo o acaso unos cuantos minutos, reina una ilusión de plenitud, un universo carente de pasado y futuro, un instante.

La Estética

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